Hemostasia y coagulación sanguínea.
El término
hemostasia significa prevención de la pérdida de sangre. Siempre que se corta o
se rompe un vaso, se llega a la hemostasia por varios mecanismos: 1) el espasmo
vascular; 2) la formación de un tapón de plaquetas; 3) la formación de un
coágulo sanguíneo como resultado de la coagulación sanguínea, y 4) la
proliferación final de tejido fibroso en el coágulo sanguíneo para cerrar el
agujero en el vaso de manera permanente.
Espasmo vascular.
Inmediatamente
después de que se haya cortado o roto un vaso sanguíneo, el estímulo del
traumatismo de la pared del vaso hace que el músculo liso de la pared se
contraiga; esto reduce instantáneamente el flujo de sangre del vaso roto. La
contracción es el resultado de: 1) un espasmo miógeno local; 2) los factores
autacoides locales procedentes de los tejidos traumatizados y de las plaquetas
sanguíneas, y 3) los reflejos nerviosos. Los reflejos nerviosos se inician a
partir de impulsos nerviosos de dolor u otros impulsos sensoriales que se
originan en los vasos con traumatismos o en tejidos cercanos.
Y, en los vasos
más pequeños, las plaquetas son las responsables de la mayor parte de la
vasoconstricción, porque liberan una sustancia vasoconstrictora, el tromboxano
A. Cuanto más gravemente se ha traumatizado un vaso, mayor es el grado de
espasmo vascular. El espasmo puede durar muchos minutos o incluso horas, y
durante este tiempo pueden tener lugar los procesos del taponamiento plaqueta-
rio y de la coagulación sanguínea.
Formación del tapón de plaqueta.
Si el corte en
el vaso sanguíneo es muy pequeño (de hecho, aparecen muchos agujeros vasculares
muy pequeños por todo el cuerpo al día) suele sellarse con un tapón
plaquetario, en vez de con un coágulo sanguíneo. Para comprender esto, es
importante que primero expongamos la naturaleza de las propias plaquetas.
Características físicas y químicas de las plaquetas
Las plaquetas
(también llamadas trombocitos) son discos diminutos de 1 a 4 |j,m de diámetro.
Se forman en la médula ósea a partir de los megacariocitos, que son células
extremadamente grandes de la serie hematopoyética de la médula ósea; los
megacariocitos se fragmentan en plaquetas diminutas en la médula ósea o nada
más entrar en la sangre, especialmente cuando constriñen los capilares. La
concentración normal de las plaquetas en la sangre está entre 150.000 y 300.000
por jxl.
Las plaquetas
tienen muchas de las características funcionales de las células completas,
aunque no tienen núcleos ni pueden reproducirse. En su citoplasma hay factores
activos del tipo: 1) moléculas de actina y de miosina, que son proteínas
contráctiles similares a las que se encuentran en las células musculares, y
además hay otra proteína contráctil, la tromboastenina, que puede contraer las
plaquetas; 2) restos de retículo endoplásmico y de aparato de Golgi que
sintetizan varias enzimas y especialmente almacenan cantidades grandes de iones
calcio; 3) las mitocondrias y los sistemas enzimáticos que tienen la capacidad
de formar trifosfato de adenosina (ATP) y difosfato de adenosina (ADP); 4)
sistemas enzimáticos que sintetizan prostaglandinas, que son hormonas locales
que causan muchas reacciones vasculares y en otros tejidos locales; 5) una
importante proteína llamada factor estabilizador de fibrina, que expondremos
más tarde en relación con la coagulación sanguínea, y 6) un factor de
crecimiento que hace que las células endoteliales vasculares, las células
musculares vasculares lisas y los fibroblastos se multipliquen y crezcan, lo
que provoca el crecimiento celular que finalmente ayuda a reparar las paredes
vasculares dañadas.
La membrana
celular de las plaquetas también es importante. En su superficie hay una capa
de glucoproteínas que evita su adherencia al endotelio normal y provoca sin
embargo la adherencia a las zonas dañadas de la pared vascular, especialmente a
las células endoteliales lesionadas e incluso más al colágeno expuesto en la
profundidad de la pared vascular. Además, la membrana de las plaquetas contiene
cantidades grandes de fosfolípidos que activan múltiples fases en el proceso de
coagulación de la sangre. por tanto, la plaqueta es una estructura activa.
Tiene una semivida en la sangre de 8 a 12 días, por lo que después de varias
semanas acaba su proceso funcional. Después se eliminan de la circulación
principalmente por el sistema de los macrófagos tisulares. Más de la mitad de
las plaquetas las eliminan los macrófagos del bazo, donde la sangre atraviesa
un enrejado de trabéculas densas.
Mecanismos del tapón plaquetario
La reparación
con plaquetas de las brechas vasculares se basa en varias funciones importantes
de las propias plaquetas. Cuando entran en contacto con la superficie vascular
dañada, especialmente con las fibras de colágeno de la pared vascular, las
plaquetas cambian inmediatamente sus características de manera drástica.
Empiezan a hincharse; adoptan formas irregulares con numerosos seudópodos
radiantes que sobresalen de sus superficies; sus proteínas contráctiles se
contraen fuertemente y liberan los múltiples factores activos de sus gránulos;
se vuelven tan pegajosos que se adhieren al colágeno en el tejido y a una
proteína llamada factor de von Willebrand que se filtra en el tejido
traumatizado desde el plasma; segrega cantidades grandes de ADP, y sus enzimas
forman el tromboxano A 2 El ADP y el tromboxano actúan sucesivamente en las
plaquetas cercanas para activarlas también, y la adhesividad de estas plaquetas
adicionales hace que se adhieran a las plaquetas activadas originalmente. Por
tanto, en el lugar de cualquier desgarro del vaso, la pared vascular dañada
activa sucesivamente un mayor número de plaquetas que atraen hacia ellas cada
vez más plaquetas adicionales, formando así un tapón plaquetario. Al principio
es un tapón bastante laxo, pero bloquea generalmente la pérdida de sangre si la
brecha vascular es pequeña. Después, durante el proceso subsiguiente de
coagulación sanguínea, se forman hebras de fibrina. Estas se unen firmemente a
las plaquetas, construyendo así un tapón inflexible.
El mecanismo de
taponamiento plaquetario es extremadamente importante para cerrar las roturas
diminutas en los vasos sanguíneos muy pequeños que ocurren centenares de veces
diariamente. Una persona que tenga pocas plaquetas sanguíneas presentará cada
día literalmente mil zonas hemorrágicas pequeñas bajo la piel y a través de los
tejidos internos, pero esto no ocurre en la mayoría de las personas.
Coagulación sanguínea en el vaso roto
El tercer
mecanismo de la hemostasia es la formación del coágulo sanguíneo. El coágulo
empieza a aparecer en 15 a 20 s si el traumatismo de la pared vascular ha sido
grave y en 1 a 2 min si el traumatismo ha sido menor. Las sustancias
activadoras de la pared vascular traumatizada, de las plaquetas y de las
proteínas sanguíneas que se adhieren a la pared vascular traumatizada inician
el proceso de la coagulación. En los 3-6 min siguientes a la rotura de un vaso,
si la brecha no es muy grande, toda la brecha o el extremo roto del vaso se
rellenan con un coágulo. Entre 20 min y 1 h después, el coágulo se retrae; esto
cierra el vaso todavía más. Las plaquetas también desempeñan una función
importante en esta retracción del coágulo, como se expondrá más adelante.
Organización fibrosa o disolución del coágulo
sanguíneo
Una vez que se
ha formado el coágulo sanguíneo, puede suceder una de estas dos cosas: 1)
pueden invadirlo los fibroblastos, que después formarán tejido conjuntivo por
todo el coágulo, o 2) puede disolverse. La evolución habitual de un coágulo que
se forma en un agujero pequeño de una pared vascular es la invasión de los
fibroblastos, empezando pocas horas después de que se formara el coágulo (lo
que promueve al menos parcialmente el factor de crecimiento que segregaron las
plaquetas). Esto continúa hasta la organización completa del coágulo en tejido
fibroso en aproximadamente 1 a 2 semanas.
Mecanismo de la coagulación de la sangre.
El taponamiento
tiene lugar en tres etapas esenciales: 1) en respuesta a la rotura del vaso o
una lesión de la propia sangre, tiene lugar una cascada compleja de reacciones
químicas en la sangre que afecta a más de una docena de factores de la
coagulación sanguínea. El resultado neto es la formación de un complejo de
sustancias activadas llamadas en grupo activador de la protrombina; 2) el
activador de la protrombina cataliza la conversión de protrombina en trombina,
y 3) la trombina actúa como una enzima para convertir el fibrínógeno en fibras
de fibrina que atrapan en su red plaquetas, células sanguíneas y plasma para
formar el coágulo. Primero expondremos el mecanismo mediante el cual se forma
el propio coágulo sanguíneo, empezando con la conversión de la protrombina en
trombina; después regresaremos a las fases iniciales del proceso de coagulación
mediante el cual se formó el activador de la protrombina.
Conversión de la protrombina en trombina
Primero se
forma el activador de la protrombina como resultado de la rotura de un vaso
sanguíneo o de su lesión por sustancias especiales presentes en la sangre.
Segundo, el activador de la protrombina, en presencia de cantidades suficientes
de Ca2+ iónico, convierte la protrombina en trombina. Tercero, la trombina
polimeriza las moléculas de fibrinógeno en fibras de fibrina en otros 10 a 15
s. Así, el factor limitador de la velocidad de la coagulación sanguínea es
generalmente la formación del activador de la protrombina y no las reacciones
subsiguientes a partir de este punto, porque estas etapas finales ocurren
normalmente con rapidez para formar el propio coágulo. Las plaquetas desempeñan
también una función importante en la conversión de la protrombina en trombina,
porque gran parte de la protrombina se une a los receptores de la protrombina
en las plaquetas que ya se han unido al tejido dañado.
Protrombina y trombina.
La protrombina es una proteína del plasma, una o¡2-globulina, con un peso
molecular de 68.700. En el plasma normal se presenta en una concentración de
aproximadamente 15mg/dl. Es una pro teína inestable que puede desdoblarse
fácilmente en compuestos más pequeños, uno de los cuales es la trombina, que
tiene un peso molecular de 33.700, casi exactamente la mitad que la
protrombina. La protrombina se forma continuamente en el hígado, y el cuerpo la
usa constantemente para la coagulación sanguínea. Si el hígado no produce
protrombina, su concentración en el plasma disminuye demasiado en uno o varios
días para mantener una coagulación normal de la sangre. El hígado necesita la
vitamina K para la activación normal de la protrombina, así como para la
formación de otros factores de la coagulación. Por tanto, la existencia de una
hepatopatía o la falta de vitamina K que impiden la formación normal de
protrombina puede reducir su concentración y ocasionar una tendencia al
sangrado.
Conversión del fibrinógeno en fibrina: formación del
coágulo
Fibrinógeno. El
fibrinógeno es una proteína de peso molecular alto (PM = 340.000) que está en
el plasma en cantidades de 100 a 700 mg/dl. El fibrinógeno se forma en el
hígado, y una enfermedad del hígado puede disminuir la concentración del
fibrinógeno circulante, como hace en la concentración de protrombina, explicada
antes. Debido a su gran tamaño molecular, se filtra normalmente poco
fibrinógeno desde los vasos sanguíneos a los líquidos intersticiales, y dado
que el fibrinógeno es uno de los factores esenciales en el proceso de
coagulación, los líquidos intersticiales normalmente no se coagulan. Pero
cuando la permeabilidad de los capilares aumenta de forma patológica, el
fibrinógeno se filtra entonces a los líquidos tisulares en cantidades
suficientes para permitir la coagulación de estos líquidos de la misma forma
que pueden coagular el plasma y la sangre completa.
Acción de la trombina sobre el fibrinógeno para
formar la fibrina. La trombina es una enzima
proteica con pocas capacidades proteolíticas. Actúa sobre el fibrinógeno para
eliminar cuatro péptidos de peso molecular bajo de cada molécula de
fibrinógeno, formando una molécula de monómero de fibrina que tiene la
capacidad automática de polimerizarse con otras moléculas de monómero de
fibrina para formar las fibras de fibrina. Por tanto, algunas moléculas de
monómero de fibrina se polimerizan en segundos en fibras de fibrina grandes que
constituyen el retículo del coágulo sanguíneo. En los primeros estadios de la
polimerización, las moléculas de monómero de fibrina se mantienen juntas mediante
enlaces de hidrógeno no covalentes débiles, y las fibras recién formadas no se
entrecruzan entre sí; por tanto, el coágulo resultante es débil y además puede
romperse con facilidad. Pero ocurre otro proceso durante los minutos siguientes
que refuerza mucho el retículo de fibrina. Esto tiene que ver con una sustancia
llamada factor estabilizador de la fibrina que se presenta en cantidades
pequeñas en las globulinas de plasma normal pero que además liberan las
plaquetas atrapadas en el coágulo.
Coágulo sanguíneo. El
coágulo se compone de una red de fibras de fibrina que va en todas direcciones
atrapando células sanguíneas, plaquetas y plasma. Las fibras de fibrina se
adhieren además a las superficies dañadas de los vasos sanguíneos; por tanto,
el coágulo sanguíneo se hace adherente a cualquier brecha vascular y de ese
modo impide pérdidas de sangre mayores.
Retracción del coágulo: suero. Unos minutos después de que se haya formado el coágulo, empieza a
contraerse y por lo general exprime la mayor parte del líquido del coágulo en
20 a 60 min. El líquido exprimido se llama suero porque se han eliminado todo
el fibrinógeno y la mayoría de los demás factores de la coagulación; de esta
manera se diferencia el suero del plasma. El suero no puede coagular porque le
faltan estos factores. Las plaquetas son necesarias para que el coágulo se
retraiga. Por tanto, si el coágulo no se retrae es que el número de plaquetas
en la sangre circulante puede ser bajo.
Retroalimentación positiva de la formación del
coágulo
Una vez que ha
empezado a desarrollarse el coágulo sanguíneo, se extiende generalmente en
pocos minutos a la sangre circundante. Es decir, el propio coágulo inicia una
retroalimentación positiva para promover más la coagulación. Una de las causas
más importantes de esto es el hecho de que la acción proteolítica de la
trombina le permite actuar sobre otros muchos factores de coagulación sanguínea
además del fibrinógeno. Por ejemplo, la trombina tiene un efecto proteolítico
directo en la misma protrombina, que tiende a convertirla en más trombina y
actúa sobre algunos factores de la coagulación sanguínea responsables de la
formación del activador de la protrombina.
(Estos efectos, expuestos en los párrafos
siguientes, son la aceleración de las acciones de los factores VIII, IX, X, XI
y XII y la agregación de las plaquetas). Una vez que se ha formado una cantidad
crítica de trombina, se crea una retroalimentación positiva que provoca aún más
coagulación sanguínea y se forma más y más trombina; así, continúa creciendo el
coágulo sanguíneo hasta que deja de perderse sangre.
Inicio de la coagulación: formación del activador de
la protrombina
Ahora que hemos
expuesto el propio proceso de coagulación, debemos dirigirnos a mecanismos más
complejos que inician en primer lugar la coagulación. Estos mecanismos entran
en juego mediante: 1) un traumatismo en la pared vascular y los tejidos
adyacentes; 2) un traumatismo de la sangre, o 3) un contacto de la sangre con
las células endoteliales dañadas o con el colágeno y otros elementos del tejido
situados fuera del vaso sanguíneo. En cada caso, esto conduce a la formación
del activador de la protrombina, que después convierte la protrombina en
trombina y favorece todas las fases siguientes de la coagulación. Se considera
que el activador de la protrombina se forma generalmente de dos maneras, aunque
en realidad las dos maneras interactúan constantemente entre sí: 1) mediante la
vía extrínseca que empieza con el traumatismo de la pared vascular y de los
tejidos circundantes, y 2) mediante la vía intrínseca que empieza en la propia
sangre. En ambas vías, una serie de proteínas plasmáticas diferente llamadas
factores de la coagulación sanguínea, desempeñan la función principal. La
mayoría de estas proteínas son formas inactivas de enzimas proteolíticas.
Cuando se convierten en formas activas, sus acciones enzimáticas causan
sucesivas reacciones en cascada del proceso de la coagulación. La mayoría de
los factores de coagulación, que se presentan en la tabla 36-1, se designan por
números romanos. para indicar la forma activa del factor, se añade una letra
«a» pequeña después del número romano, del tipo factor Villa, rara indicar el
estadio activado del factor VIII.
La vía extrínseca para
iniciar la formación del activador de la protrombina empieza con un traumatismo
de la pared vascular o de los tejidos extravasculares que entran en contacto
con la sangre. Esto nos guía por los siguientes pasos, como se muestra en la
figura 36-3:
1. Liberación
del factor tisular. El tejido traumatizado libera un complejo de varios
factores llamado factor tisular o tromboplastina tisular. Este factor se
compone por lo general de fosfolípidos procedentes de las membranas del tejido
más un complejo lipoproteico que funciona principalmente como una enzima proteolítica.
2. Activación
del factor X: participación del factor VII y del factor tisular. Este complejo
lipoproteico del factor tisular forma complejos con el factor VII y, en
presencia de los iones calcio, ejerce una acción enzimática sobre el factor X para
formar el factor X activado (Xa).
3. Efecto de Xa
sobre la formación del activador de la pro- trombina: participación del factor
V. El factor X activado se combina inmediatamente con los fosfolípidos
tisulares que son parte de los factores tisulares o con fosfolípidos
adicionales liberados por las plaquetas y también con el factor V para formar
el complejo llamado activador de la protrombina. En unos pocos segundos, en
presencia de iones calcio (Ca++), esto divide la protrombina para formar la
trombina, y tiene lugar el proceso de coagulación como se explicó antes.
Vía intrínseca de inicio de la coagulación
El segundo
mecanismo para iniciar la formación del activador de la protrombina, y por
tanto para iniciar la coagulación, empieza con el traumatismo de la sangre o la
exposición de la sangre al colágeno a partir de una pared vascular sanguínea
traumatizada.
1. El
traumatismo sanguíneo produce 1) la activación del factor XII y 2) la
liberación de los fosfolípidos plaquetarios. El traumatismo sanguíneo o la
exposición de la sangre al colágeno de la pared vascular altera dos factores de
la coagulación importantes en la sangre: el factor XII y las plaquetas. Cuando
se altera el factor XII, por entrar en contacto con el colágeno o con una superficie
hume- decible como un cristal, adquiere una configuración molecular nueva que
lo convierte en una enzima proteo: lítica llamada «factor XII activado».
Simultáneamente, el trauma sanguíneo daña también las plaquetas debido a la
adherencia al colágeno o a una superficie humedecible (o por otro tipo de
trastorno), y esto libera los fosfolípidos plaquetarios que contienen la
lipoproteína llamada factor plaquetario 3, que también participa en las
siguientes reacciones de la coagulación.
2. Activación
del factor XI. El factor XII activado actúa sobre el factor XI activándolo, lo
que constituye el segundo paso de la vía intrínseca. Esta reacción requiere
también cininógerio de APM (alto peso molecular) y se acelera con
pre-calicreína.
3. Activación
del factor IX mediante el factor XI activado. El factor XI activado actúa
después sobre el factor IX para activarlo.
4. Activación
del factor X: función del factor VIII. El factor IX activado actuando junto al
factor VIII, los fosfolípidos plaquetarios y el factor 3 de las plaquetas
traumatizadas activa al factor X. Está claro que cuando el factor VIII o las
plaquetas escasean, este paso es deficiente. El factor VIII es el que falta en
una persona que tiene la hemofilia clásica, y por esta razón se llama/acíor
antihemofílico. Las plaquetas son el factor de coagulación que falta en la
enfermedad hemorrágica llamada trombocitopenia.
5. Acción del
factor X activado para formar el activador de la protrombina: función del
factor V Este paso en la vía intrínseca es el mismo que el último paso en la
vía extrínseca. Es decir, el factor X activado se combina con el factor V y la
plaqueta o los fosfolípidos del tejido para formar el complejo llamado
activador de la protrombina. El activador de la protrombina inicia a su vez en
algunos segundos la división de la protrombina para formar la trombina,
poniendo de ese modo en funcionamiento el proceso final de la coagulación, como
se describió antes.
Función de los iones calcio en las vías intrínseca y
extrínseca
Excepto en los
dos primeros pasos de la vía intrínseca, se necesitan los iones calcio para la
promoción o aceleración de todas las reacciones de la coagulación sanguínea.
Por tanto, si no hay iones calcio, no se produce la coagulación sanguínea por
ninguna vía.
En un organismo
vivo, la concentración de iones calcio rara vez se reduce lo suficiente como
para afectar significativamente a la cinética de la coagulación sanguínea.
Pero, cuando se extrae sangre a una persona, puede evitarse su coagulación
reduciendo la concentración de iones calcio por debajo de un nivel umbral de
coagulación, o mediante la desionización del calcio haciéndole reaccionar con
sustancias como el ion citrato o precipitando el calcio con sustancias como el
ion oxalato.
Interacción entre las vías extrínseca e intrínseca:
resumen del inicio de la coagulación sanguínea
Una diferencia
especialmente importante entre las vías extrínseca e intrínseca es que la vía
extrínseca puede ser de naturaleza explosiva; una vez iniciada, su velocidad
hasta la formación del coágulo está limitada sólo por la cantidad de factor
tisular liberado por los tejidos traumatizados y por la cantidad de factores X,
VII y V presentes en la sangre. En un traumatismo tisular grave, la coagulación
puede tener lugar en un mínimo de 15 s. La vía intrínseca es mucho más lenta en
su proceder, y necesita generalmente de 1 a 6min para llevar a cabo la
coagulación.
Prevención de la coagulación sanguínea en el sistema
vascular normal: anticoagulantes intravasculares.
Factores de la
superficie endotelial. Probablemente los factores más importantes para evitar
la coagulación en el sistema vascular normal son: 1) la lisura de la superficie
celular endotelial, que evita la activación por contacto del sistema de
coagulación intrínseco; 2) una capa de glucocáliz en el endotelio (el
glucocáliz es un mucopolisacárido adsorbido en las superficies de las células
endoteliales), que repele los factores de coagulación y las plaquetas y así
impide la activación de la coagulación, y 3) una proteína unida a la membrana endotelial,
la trombomodulina, que se une a la trombina. No sólo la unión de la trombina a
la trombomodulina retrasa el proceso de coagulación al retirar la trombina,
sino que el complejo trombomodulina-trombina activa además una proteína
plasmática, la proteína C, que actúa como un anticoagulante al inactivar a los
factores V y VIII activados.
Acción antitrombínica de la fibrina y la antitrombina
III. Entre los anticoagulantes más importantes en
la propia sangre están aquellos que eliminan la trombina de la sangre. Los más
poderosos son: 1) las fibras de fibrina que se forman durante el proceso de
coagulación, y 2) una a-globulina llamada antitrombina III o cofactor
antitrombina-heparina. Mientras se forma un coágulo, aproximadamente el 85-90%
de la trombina formada a partir de la protrombina es adsorbida por las fibras
de fibrina a medida que aparecen. Esto ayuda a evitar la diseminación de la
protrombina por el resto de la sangre y, por tanto, la extensión excesiva del
coágulo. La trombina que no se adsorbe a las fibras de fibrina se combina
enseguida con la antitrombina III, que bloquea aún más el efecto de la trombina
sobre el fibrinógeno y después inactiva también a la propia trombina durante
los siguientes 12 a 20min.
Heparina. La heparina es
otro poderoso anticoagulante, pero su concentración en la sangre es normalmente
baja, por lo que sólo en condiciones fisiológicas especiales tiene efectos
anticoagulantes significativos. Sin embargo, la heparina se usa ampliamente
como sustancia farmacológica en la práctica médica en concentraciones más altas
para evitar la coagulación intravascular. El complejo de la heparina y de la
antitrombina III elimina muchos otros factores de la coagulación activados
además de la trombina, aumentando aún más la eficacia de la anticoagulación.
Los otros son los factores XII, XI, X y IX activados.
Lisis de los coágulos sanguíneos: plasmina
Las proteínas
del plasma tienen una euglobulina llamada plasminógeno (o profibrinolisina)
que, cuando se activa, se convierte en una sustancia llamada plasmina (o
fibrinoli- sina). La plasmina es una enzima proteolítica que se parece a la
tripsina, la enzima digestiva proteolítica más importante de la secreción
pancreática. La plasmina digiere las fibras de fibrina y otras proteínas
coagulantes como el fibrinógeno, el factor V, el factor VIII, la protrombina y
el factor XII. Por tanto, cuando se forma plasmina puede lisar un coágulo y
destruir muchos de los factores de la coagulación, lo que a veces hace que la
sangre sea menos coagulable.
Activación del plasminógeno para formar plasmina,
después lisis de los coágulos. Cuando se forma un
coágulo, se atrapa una gran cantidad de plasminógeno en todo el coágulo junto a
otras proteínas del plasma. Este no llegará a ser plasmina ni a lisar el
coágulo hasta que se haya activado. Los tejidos dañados y el endotelio vascular
liberan muy lentamente un activador poderoso llamado activador del plasminógeno
tisular (t-PA) que unos pocos días más tarde, después de que el coágulo haya
detenido la hemorragia, convierte finalmente el plasminógeno en plasmina, que
elimina sucesivamente el coágulo de sangre innecesario que queda.
Enfermedades que causan hemorragia excesiva en los
seres humanos
La hemorragia
excesiva puede deberse a una deficiencia de uno de los muchos factores de la
coagulación sanguínea. Aquí se exponen tres tipos particulares de tendencias
hemorrágicas que se han estudiado con mayor extensión: la hemorragia causada
por: 1) la deficiencia de vitamina I<, 2) la hemofilia, y 3) la
trombocitopenia (deficiencia de plaquetas).
Disminución de la protrombina, el factor VII, el
factor IX y el factor X causadas por deficiencia de vitamina K
Con pocas
excepciones, casi todos los factores de la coagulación sanguínea se forman en
el hígado. Por tanto, las enfermedades del hígado como la hepatitis, la
cirrosis y la atrofia amarilla aguda pueden deprimir a veces el sistema de
coagulación tanto que el paciente presente una tendencia grave a la hemorragia.
Otra causa de la menor formación de factores de coagulación en el hígado es la
deficiencia de la vitamina K. La vitamina I< es un factor esencial para la
carboxilasa hepática que añade un grupo carboxilo a residuos de ácido glutámico
en cinco importantes factores de la coagulación: la protrombina, el factor VII,
el factor IX, el factor X y la proteína C. Al añadir el grupo carboxilo a los
residuos de ácido glutámico en los factores de coagulación inmaduros, la
vitamina I< se oxida y se inactiva. Otra enzima, el complejo epóxido reduc-
tasa vitamina I< 1 (VKOR el) reduce la vitamina I< de nuevo a su forma
activa. Sin vitamina I< activa, la insuficiencia consiguiente de estos
factores de la coagulación en la sangre puede provocar tendencias hemorrágicas
graves. La vitamina I< la sintetizan continuamente en el intestino
bacterias, por lo que la deficiencia de vitamina I< casi nunca ocurre en una
persona normal como resultado de la falta de vitamina I< en la dieta
(excepto en los recién nacidos antes de que se establezca su flora bacteriana
intestinal). Pero en las enfermedades digestivas, la deficiencia de vitamina
I< ocurre a menudo como resultado de una mala absorción de las grasas en el
tubo digestivo. La razón es que la vitamina K es liposoluble y se absorbe normalmente
en la sangre junto con las grasas.
Hemofilia
La hemofilia es
una enfermedad hemorrágica que ocurre casi exclusivamente en varones. En el 85%
de los casos está causada por una anomalía o deficiencia del factor VIII; este
tipo de hemofilia se llama hemofilia A o hemofilia clásica. Aproximadamente 1
de cada 10.000 varones en EE. UU. tiene hemofilia clásica. En el 15% de los
pacientes con hemofilia, la tendencia hemorrágica está provocada por una
deficiencia del factor IX. Ambos factores se heredan mediante el cromosoma
femenino. Por tanto, casi nunca encontraremos una mujer que tenga hemofilia
porque al final uno de los dos cromosomas X tendrá los genes apropiados. Si uno
de sus dos cromosomas X es deficiente, será una portadora de la hemofilia, y
transmitirá la enfermedad a la mitad de su descendencia masculina y el estado
de portadora a la mitad de su descendencia femenina.
Trombocitopenia
Trombocitopenia
significa presencia de cantidades muy bajas de plaquetas en el sistema
circulatorio. Las personas con trombocitopenia tienen una tendencia a sangrar,
como los hemofílicos, pero la hemorragia se produce generalmente por muchas
vénulas pequeñas o capilares, en lugar de por vasos grandes como en la
hemofilia. Como resultado aparecen hemorragias puntiformes pequeñas por todos
los tejidos del cuerpo. La piel de estas personas manifiesta manchas purpúricas
muy pequeñas, que dan a la enfermedad el nombre de púrpura trombocitopénica.
Como se señaló antes, las plaquetas son especialmente importantes para reparar
las brechas diminutas en los capilares y en otros vasos pequeños.
Enfermedades tromboembólicas en el ser humano.
Trombos y émbolos. Un
coágulo anormal que aparece en un vaso sanguíneo se llama trombo. Una vez que
el coágulo ha aparecido, es probable que el flujo continuo de sangre que pasa
por el coágulo lo desprenda y haga que el coágulo fluya con la sangre; este
tipo de coágulos que fluyen libremente se conocen como émbolos. Además, los
émbolos que se originan en las arterias grandes o en el lado izquierdo del
corazón pueden fluir hacia la periferia y taponar arterias o arteriolas en el
cerebro, los riñones o cualquier otro lugar.
Causas de las enfermedades tromboembólicas. Las causas de las enfermedades tromboembólicas en el ser humano
son generalmente dobles: 1) cualquier superficie endotelial rugosa (como la
causada por la arteriosclerosis, una infección o un traumatismo) es probable
que inicie el proceso de coagulación, y 2) la sangre coagula a menudo cuando
fluye muy lentamente a través de los vasos sanguíneos, donde se forman siempre
pequeñas cantidades de trombina y otros procoagulantes.
Trombosis venosa femoral y embolia pulmonar masiva
Debido a que
casi siempre se produce la coagulación cuando el flujo sanguíneo se bloquea
durante varias horas en cualquier vaso del organismo, la inmovilidad de los
pacientes que están en cama más la práctica de colocar las rodillas sobre
almohadas causa a menudo una coagulación intravascular debido a la estasis
sanguínea en una o más venas de las piernas durante horas. Después el coágulo
crece, principalmente en la dirección de la sangre venosa que se mueve
lentamente, algunas veces ocupando toda la longitud de las venas de la pierna y
llegando en ocasiones incluso por encima de la vena ilíaca común y de la vena
cava inferior. Después, aproximadamente 1 de cada 10 veces, gran parte del
coágulo se desprende de su unión a la pared vascular y fluye libremente por la
sangre venosa por el lado derecho del corazón y las arterias pulmonares hasta
causar un bloqueado masivo de las arterias pulmonares, lo que se llama embolia
pulmonar masiva.
Coagulación intravascular diseminada
De vez en
cuando el mecanismo de la coagulación se activa en zonas amplias de la
circulación y provoca la enfermedad llamada coagulación intravascular diseminada.
Esto se debe a menudo a la presencia de grandes cantidades de tejido
traumatizado o agonizante en el organismo que libera grandes cantidades del
factor tisular a la sangre. Con frecuencia los coágulos son pequeños pero
numerosos y taponan una gran parte de los vasos sanguíneos periféricos
pequeños. Esto ocurre especialmente en pacientes con septicemia generalizada,
en los que las bacterias circulantes o las toxinas bacterianas (especialmente
las endotoxinas) activan los mecanismos de la coagulación.
Tiempo de hemorragia
Cuando se usa
un bisturí afilado para perforar la punta de un dedo o el lóbulo de la oreja,
la hemorragia dura normalmente de 1 a 6 min. El tiempo depende en gran medida
de la profundidad y del grado de la hiperemia en el dedo o en el lóbulo de la
oreja en el momento de la prueba.

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