martes, 1 de junio de 2021

Hemostasia y coagulación sanguínea

 


Hemostasia y coagulación sanguínea.

El término hemostasia significa prevención de la pérdida de sangre. Siempre que se corta o se rompe un vaso, se llega a la hemostasia por varios mecanismos: 1) el espasmo vascular; 2) la formación de un tapón de plaquetas; 3) la formación de un coágulo sanguíneo como resultado de la coagulación sanguínea, y 4) la proliferación final de tejido fibroso en el coágulo sanguíneo para cerrar el agujero en el vaso de manera permanente.

Espasmo vascular.

Inmediatamente después de que se haya cortado o roto un vaso sanguíneo, el estímulo del traumatismo de la pared del vaso hace que el músculo liso de la pared se contraiga; esto reduce instantáneamente el flujo de sangre del vaso roto. La contracción es el resultado de: 1) un espasmo miógeno local; 2) los factores autacoides locales procedentes de los tejidos traumatizados y de las plaquetas sanguíneas, y 3) los reflejos nerviosos. Los reflejos nerviosos se inician a partir de impulsos nerviosos de dolor u otros impulsos sensoriales que se originan en los vasos con traumatismos o en tejidos cercanos.

Y, en los vasos más pequeños, las plaquetas son las responsables de la mayor parte de la vasoconstricción, porque liberan una sustancia vasoconstrictora, el tromboxano A. Cuanto más gravemente se ha traumatizado un vaso, mayor es el grado de espasmo vascular. El espasmo puede durar muchos minutos o incluso horas, y durante este tiempo pueden tener lugar los procesos del taponamiento plaqueta- rio y de la coagulación sanguínea.

Formación del tapón de plaqueta.

Si el corte en el vaso sanguíneo es muy pequeño (de hecho, aparecen muchos agujeros vasculares muy pequeños por todo el cuerpo al día) suele sellarse con un tapón plaquetario, en vez de con un coágulo sanguíneo. Para comprender esto, es importante que primero expongamos la naturaleza de las propias plaquetas.

Características físicas y químicas de las plaquetas

Las plaquetas (también llamadas trombocitos) son discos diminutos de 1 a 4 |j,m de diámetro. Se forman en la médula ósea a partir de los megacariocitos, que son células extremadamente grandes de la serie hematopoyética de la médula ósea; los megacariocitos se fragmentan en plaquetas diminutas en la médula ósea o nada más entrar en la sangre, especialmente cuando constriñen los capilares. La concentración normal de las plaquetas en la sangre está entre 150.000 y 300.000 por jxl.

Las plaquetas tienen muchas de las características funcionales de las células completas, aunque no tienen núcleos ni pueden reproducirse. En su citoplasma hay factores activos del tipo: 1) moléculas de actina y de miosina, que son proteínas contráctiles similares a las que se encuentran en las células musculares, y además hay otra proteína contráctil, la tromboastenina, que puede contraer las plaquetas; 2) restos de retículo endoplásmico y de aparato de Golgi que sintetizan varias enzimas y especialmente almacenan cantidades grandes de iones calcio; 3) las mitocondrias y los sistemas enzimáticos que tienen la capacidad de formar trifosfato de adenosina (ATP) y difosfato de adenosina (ADP); 4) sistemas enzimáticos que sintetizan prostaglandinas, que son hormonas locales que causan muchas reacciones vasculares y en otros tejidos locales; 5) una importante proteína llamada factor estabilizador de fibrina, que expondremos más tarde en relación con la coagulación sanguínea, y 6) un factor de crecimiento que hace que las células endoteliales vasculares, las células musculares vasculares lisas y los fibroblastos se multipliquen y crezcan, lo que provoca el crecimiento celular que finalmente ayuda a reparar las paredes vasculares dañadas.

La membrana celular de las plaquetas también es importante. En su superficie hay una capa de glucoproteínas que evita su adherencia al endotelio normal y provoca sin embargo la adherencia a las zonas dañadas de la pared vascular, especialmente a las células endoteliales lesionadas e incluso más al colágeno expuesto en la profundidad de la pared vascular. Además, la membrana de las plaquetas contiene cantidades grandes de fosfolípidos que activan múltiples fases en el proceso de coagulación de la sangre. por tanto, la plaqueta es una estructura activa. Tiene una semivida en la sangre de 8 a 12 días, por lo que después de varias semanas acaba su proceso funcional. Después se eliminan de la circulación principalmente por el sistema de los macrófagos tisulares. Más de la mitad de las plaquetas las eliminan los macrófagos del bazo, donde la sangre atraviesa un enrejado de trabéculas densas.

Mecanismos del tapón plaquetario

La reparación con plaquetas de las brechas vasculares se basa en varias funciones importantes de las propias plaquetas. Cuando entran en contacto con la superficie vascular dañada, especialmente con las fibras de colágeno de la pared vascular, las plaquetas cambian inmediatamente sus características de manera drástica. Empiezan a hincharse; adoptan formas irregulares con numerosos seudópodos radiantes que sobresalen de sus superficies; sus proteínas contráctiles se contraen fuertemente y liberan los múltiples factores activos de sus gránulos; se vuelven tan pegajosos que se adhieren al colágeno en el tejido y a una proteína llamada factor de von Willebrand que se filtra en el tejido traumatizado desde el plasma; segrega cantidades grandes de ADP, y sus enzimas forman el tromboxano A 2 El ADP y el tromboxano actúan sucesivamente en las plaquetas cercanas para activarlas también, y la adhesividad de estas plaquetas adicionales hace que se adhieran a las plaquetas activadas originalmente. Por tanto, en el lugar de cualquier desgarro del vaso, la pared vascular dañada activa sucesivamente un mayor número de plaquetas que atraen hacia ellas cada vez más plaquetas adicionales, formando así un tapón plaquetario. Al principio es un tapón bastante laxo, pero bloquea generalmente la pérdida de sangre si la brecha vascular es pequeña. Después, durante el proceso subsiguiente de coagulación sanguínea, se forman hebras de fibrina. Estas se unen firmemente a las plaquetas, construyendo así un tapón inflexible.

El mecanismo de taponamiento plaquetario es extremadamente importante para cerrar las roturas diminutas en los vasos sanguíneos muy pequeños que ocurren centenares de veces diariamente. Una persona que tenga pocas plaquetas sanguíneas presentará cada día literalmente mil zonas hemorrágicas pequeñas bajo la piel y a través de los tejidos internos, pero esto no ocurre en la mayoría de las personas.

Coagulación sanguínea en el vaso roto

El tercer mecanismo de la hemostasia es la formación del coágulo sanguíneo. El coágulo empieza a aparecer en 15 a 20 s si el traumatismo de la pared vascular ha sido grave y en 1 a 2 min si el traumatismo ha sido menor. Las sustancias activadoras de la pared vascular traumatizada, de las plaquetas y de las proteínas sanguíneas que se adhieren a la pared vascular traumatizada inician el proceso de la coagulación. En los 3-6 min siguientes a la rotura de un vaso, si la brecha no es muy grande, toda la brecha o el extremo roto del vaso se rellenan con un coágulo. Entre 20 min y 1 h después, el coágulo se retrae; esto cierra el vaso todavía más. Las plaquetas también desempeñan una función importante en esta retracción del coágulo, como se expondrá más adelante.

Organización fibrosa o disolución del coágulo sanguíneo

Una vez que se ha formado el coágulo sanguíneo, puede suceder una de estas dos cosas: 1) pueden invadirlo los fibroblastos, que después formarán tejido conjuntivo por todo el coágulo, o 2) puede disolverse. La evolución habitual de un coágulo que se forma en un agujero pequeño de una pared vascular es la invasión de los fibroblastos, empezando pocas horas después de que se formara el coágulo (lo que promueve al menos parcialmente el factor de crecimiento que segregaron las plaquetas). Esto continúa hasta la organización completa del coágulo en tejido fibroso en aproximadamente 1 a 2 semanas.

Mecanismo de la coagulación de la sangre.

El taponamiento tiene lugar en tres etapas esenciales: 1) en respuesta a la rotura del vaso o una lesión de la propia sangre, tiene lugar una cascada compleja de reacciones químicas en la sangre que afecta a más de una docena de factores de la coagulación sanguínea. El resultado neto es la formación de un complejo de sustancias activadas llamadas en grupo activador de la protrombina; 2) el activador de la protrombina cataliza la conversión de protrombina en trombina, y 3) la trombina actúa como una enzima para convertir el fibrínógeno en fibras de fibrina que atrapan en su red plaquetas, células sanguíneas y plasma para formar el coágulo. Primero expondremos el mecanismo mediante el cual se forma el propio coágulo sanguíneo, empezando con la conversión de la protrombina en trombina; después regresaremos a las fases iniciales del proceso de coagulación mediante el cual se formó el activador de la protrombina.

Conversión de la protrombina en trombina

Primero se forma el activador de la protrombina como resultado de la rotura de un vaso sanguíneo o de su lesión por sustancias especiales presentes en la sangre. Segundo, el activador de la protrombina, en presencia de cantidades suficientes de Ca2+ iónico, convierte la protrombina en trombina. Tercero, la trombina polimeriza las moléculas de fibrinógeno en fibras de fibrina en otros 10 a 15 s. Así, el factor limitador de la velocidad de la coagulación sanguínea es generalmente la formación del activador de la protrombina y no las reacciones subsiguientes a partir de este punto, porque estas etapas finales ocurren normalmente con rapidez para formar el propio coágulo. Las plaquetas desempeñan también una función importante en la conversión de la protrombina en trombina, porque gran parte de la protrombina se une a los receptores de la protrombina en las plaquetas que ya se han unido al tejido dañado.

Protrombina y trombina. La protrombina es una proteína del plasma, una o¡2-globulina, con un peso molecular de 68.700. En el plasma normal se presenta en una concentración de aproximadamente 15mg/dl. Es una pro teína inestable que puede desdoblarse fácilmente en compuestos más pequeños, uno de los cuales es la trombina, que tiene un peso molecular de 33.700, casi exactamente la mitad que la protrombina. La protrombina se forma continuamente en el hígado, y el cuerpo la usa constantemente para la coagulación sanguínea. Si el hígado no produce protrombina, su concentración en el plasma disminuye demasiado en uno o varios días para mantener una coagulación normal de la sangre. El hígado necesita la vitamina K para la activación normal de la protrombina, así como para la formación de otros factores de la coagulación. Por tanto, la existencia de una hepatopatía o la falta de vitamina K que impiden la formación normal de protrombina puede reducir su concentración y ocasionar una tendencia al sangrado.

Conversión del fibrinógeno en fibrina: formación del coágulo

Fibrinógeno. El fibrinógeno es una proteína de peso molecular alto (PM = 340.000) que está en el plasma en cantidades de 100 a 700 mg/dl. El fibrinógeno se forma en el hígado, y una enfermedad del hígado puede disminuir la concentración del fibrinógeno circulante, como hace en la concentración de protrombina, explicada antes. Debido a su gran tamaño molecular, se filtra normalmente poco fibrinógeno desde los vasos sanguíneos a los líquidos intersticiales, y dado que el fibrinógeno es uno de los factores esenciales en el proceso de coagulación, los líquidos intersticiales normalmente no se coagulan. Pero cuando la permeabilidad de los capilares aumenta de forma patológica, el fibrinógeno se filtra entonces a los líquidos tisulares en cantidades suficientes para permitir la coagulación de estos líquidos de la misma forma que pueden coagular el plasma y la sangre completa.

Acción de la trombina sobre el fibrinógeno para formar la fibrina. La trombina es una enzima proteica con pocas capacidades proteolíticas. Actúa sobre el fibrinógeno para eliminar cuatro péptidos de peso molecular bajo de cada molécula de fibrinógeno, formando una molécula de monómero de fibrina que tiene la capacidad automática de polimerizarse con otras moléculas de monómero de fibrina para formar las fibras de fibrina. Por tanto, algunas moléculas de monómero de fibrina se polimerizan en segundos en fibras de fibrina grandes que constituyen el retículo del coágulo sanguíneo. En los primeros estadios de la polimerización, las moléculas de monómero de fibrina se mantienen juntas mediante enlaces de hidrógeno no covalentes débiles, y las fibras recién formadas no se entrecruzan entre sí; por tanto, el coágulo resultante es débil y además puede romperse con facilidad. Pero ocurre otro proceso durante los minutos siguientes que refuerza mucho el retículo de fibrina. Esto tiene que ver con una sustancia llamada factor estabilizador de la fibrina que se presenta en cantidades pequeñas en las globulinas de plasma normal pero que además liberan las plaquetas atrapadas en el coágulo.

Coágulo sanguíneo. El coágulo se compone de una red de fibras de fibrina que va en todas direcciones atrapando células sanguíneas, plaquetas y plasma. Las fibras de fibrina se adhieren además a las superficies dañadas de los vasos sanguíneos; por tanto, el coágulo sanguíneo se hace adherente a cualquier brecha vascular y de ese modo impide pérdidas de sangre mayores.

Retracción del coágulo: suero. Unos minutos después de que se haya formado el coágulo, empieza a contraerse y por lo general exprime la mayor parte del líquido del coágulo en 20 a 60 min. El líquido exprimido se llama suero porque se han eliminado todo el fibrinógeno y la mayoría de los demás factores de la coagulación; de esta manera se diferencia el suero del plasma. El suero no puede coagular porque le faltan estos factores. Las plaquetas son necesarias para que el coágulo se retraiga. Por tanto, si el coágulo no se retrae es que el número de plaquetas en la sangre circulante puede ser bajo.

Retroalimentación positiva de la formación del coágulo

Una vez que ha empezado a desarrollarse el coágulo sanguíneo, se extiende generalmente en pocos minutos a la sangre circundante. Es decir, el propio coágulo inicia una retroalimentación positiva para promover más la coagulación. Una de las causas más importantes de esto es el hecho de que la acción proteolítica de la trombina le permite actuar sobre otros muchos factores de coagulación sanguínea además del fibrinógeno. Por ejemplo, la trombina tiene un efecto proteolítico directo en la misma protrombina, que tiende a convertirla en más trombina y actúa sobre algunos factores de la coagulación sanguínea responsables de la formación del activador de la protrombina.

 (Estos efectos, expuestos en los párrafos siguientes, son la aceleración de las acciones de los factores VIII, IX, X, XI y XII y la agregación de las plaquetas). Una vez que se ha formado una cantidad crítica de trombina, se crea una retroalimentación positiva que provoca aún más coagulación sanguínea y se forma más y más trombina; así, continúa creciendo el coágulo sanguíneo hasta que deja de perderse sangre.

Inicio de la coagulación: formación del activador de la protrombina

Ahora que hemos expuesto el propio proceso de coagulación, debemos dirigirnos a mecanismos más complejos que inician en primer lugar la coagulación. Estos mecanismos entran en juego mediante: 1) un traumatismo en la pared vascular y los tejidos adyacentes; 2) un traumatismo de la sangre, o 3) un contacto de la sangre con las células endoteliales dañadas o con el colágeno y otros elementos del tejido situados fuera del vaso sanguíneo. En cada caso, esto conduce a la formación del activador de la protrombina, que después convierte la protrombina en trombina y favorece todas las fases siguientes de la coagulación. Se considera que el activador de la protrombina se forma generalmente de dos maneras, aunque en realidad las dos maneras interactúan constantemente entre sí: 1) mediante la vía extrínseca que empieza con el traumatismo de la pared vascular y de los tejidos circundantes, y 2) mediante la vía intrínseca que empieza en la propia sangre. En ambas vías, una serie de proteínas plasmáticas diferente llamadas factores de la coagulación sanguínea, desempeñan la función principal. La mayoría de estas proteínas son formas inactivas de enzimas proteolíticas. Cuando se convierten en formas activas, sus acciones enzimáticas causan sucesivas reacciones en cascada del proceso de la coagulación. La mayoría de los factores de coagulación, que se presentan en la tabla 36-1, se designan por números romanos. para indicar la forma activa del factor, se añade una letra «a» pequeña después del número romano, del tipo factor Villa, rara indicar el estadio activado del factor VIII.

La vía extrínseca para iniciar la formación del activador de la protrombina empieza con un traumatismo de la pared vascular o de los tejidos extravasculares que entran en contacto con la sangre. Esto nos guía por los siguientes pasos, como se muestra en la figura 36-3:

1. Liberación del factor tisular. El tejido traumatizado libera un complejo de varios factores llamado factor tisular o tromboplastina tisular. Este factor se compone por lo general de fosfolípidos procedentes de las membranas del tejido más un complejo lipoproteico que funciona principalmente como una enzima proteolítica.

2. Activación del factor X: participación del factor VII y del factor tisular. Este complejo lipoproteico del factor tisular forma complejos con el factor VII y, en presencia de los iones calcio, ejerce una acción enzimática sobre el factor X para formar el factor X activado (Xa).

3. Efecto de Xa sobre la formación del activador de la pro- trombina: participación del factor V. El factor X activado se combina inmediatamente con los fosfolípidos tisulares que son parte de los factores tisulares o con fosfolípidos adicionales liberados por las plaquetas y también con el factor V para formar el complejo llamado activador de la protrombina. En unos pocos segundos, en presencia de iones calcio (Ca++), esto divide la protrombina para formar la trombina, y tiene lugar el proceso de coagulación como se explicó antes.

 

 

 

Vía intrínseca de inicio de la coagulación

El segundo mecanismo para iniciar la formación del activador de la protrombina, y por tanto para iniciar la coagulación, empieza con el traumatismo de la sangre o la exposición de la sangre al colágeno a partir de una pared vascular sanguínea traumatizada.

1. El traumatismo sanguíneo produce 1) la activación del factor XII y 2) la liberación de los fosfolípidos plaquetarios. El traumatismo sanguíneo o la exposición de la sangre al colágeno de la pared vascular altera dos factores de la coagulación importantes en la sangre: el factor XII y las plaquetas. Cuando se altera el factor XII, por entrar en contacto con el colágeno o con una superficie hume- decible como un cristal, adquiere una configuración molecular nueva que lo convierte en una enzima proteo: lítica llamada «factor XII activado». Simultáneamente, el trauma sanguíneo daña también las plaquetas debido a la adherencia al colágeno o a una superficie humedecible (o por otro tipo de trastorno), y esto libera los fosfolípidos plaquetarios que contienen la lipoproteína llamada factor plaquetario 3, que también participa en las siguientes reacciones de la coagulación.

2. Activación del factor XI. El factor XII activado actúa sobre el factor XI activándolo, lo que constituye el segundo paso de la vía intrínseca. Esta reacción requiere también cininógerio de APM (alto peso molecular) y se acelera con pre-calicreína.

3. Activación del factor IX mediante el factor XI activado. El factor XI activado actúa después sobre el factor IX para activarlo.

4. Activación del factor X: función del factor VIII. El factor IX activado actuando junto al factor VIII, los fosfolípidos plaquetarios y el factor 3 de las plaquetas traumatizadas activa al factor X. Está claro que cuando el factor VIII o las plaquetas escasean, este paso es deficiente. El factor VIII es el que falta en una persona que tiene la hemofilia clásica, y por esta razón se llama/acíor antihemofílico. Las plaquetas son el factor de coagulación que falta en la enfermedad hemorrágica llamada trombocitopenia.

5. Acción del factor X activado para formar el activador de la protrombina: función del factor V Este paso en la vía intrínseca es el mismo que el último paso en la vía extrínseca. Es decir, el factor X activado se combina con el factor V y la plaqueta o los fosfolípidos del tejido para formar el complejo llamado activador de la protrombina. El activador de la protrombina inicia a su vez en algunos segundos la división de la protrombina para formar la trombina, poniendo de ese modo en funcionamiento el proceso final de la coagulación, como se describió antes.

Función de los iones calcio en las vías intrínseca y extrínseca

Excepto en los dos primeros pasos de la vía intrínseca, se necesitan los iones calcio para la promoción o aceleración de todas las reacciones de la coagulación sanguínea. Por tanto, si no hay iones calcio, no se produce la coagulación sanguínea por ninguna vía.

En un organismo vivo, la concentración de iones calcio rara vez se reduce lo suficiente como para afectar significativamente a la cinética de la coagulación sanguínea. Pero, cuando se extrae sangre a una persona, puede evitarse su coagulación reduciendo la concentración de iones calcio por debajo de un nivel umbral de coagulación, o mediante la desionización del calcio haciéndole reaccionar con sustancias como el ion citrato o precipitando el calcio con sustancias como el ion oxalato.

Interacción entre las vías extrínseca e intrínseca: resumen del inicio de la coagulación sanguínea

Una diferencia especialmente importante entre las vías extrínseca e intrínseca es que la vía extrínseca puede ser de naturaleza explosiva; una vez iniciada, su velocidad hasta la formación del coágulo está limitada sólo por la cantidad de factor tisular liberado por los tejidos traumatizados y por la cantidad de factores X, VII y V presentes en la sangre. En un traumatismo tisular grave, la coagulación puede tener lugar en un mínimo de 15 s. La vía intrínseca es mucho más lenta en su proceder, y necesita generalmente de 1 a 6min para llevar a cabo la coagulación.

Prevención de la coagulación sanguínea en el sistema vascular normal: anticoagulantes intravasculares.

Factores de la superficie endotelial. Probablemente los factores más importantes para evitar la coagulación en el sistema vascular normal son: 1) la lisura de la superficie celular endotelial, que evita la activación por contacto del sistema de coagulación intrínseco; 2) una capa de glucocáliz en el endotelio (el glucocáliz es un mucopolisacárido adsorbido en las superficies de las células endoteliales), que repele los factores de coagulación y las plaquetas y así impide la activación de la coagulación, y 3) una proteína unida a la membrana endotelial, la trombomodulina, que se une a la trombina. No sólo la unión de la trombina a la trombomodulina retrasa el proceso de coagulación al retirar la trombina, sino que el complejo trombomodulina-trombina activa además una proteína plasmática, la proteína C, que actúa como un anticoagulante al inactivar a los factores V y VIII activados.

Acción antitrombínica de la fibrina y la antitrombina III. Entre los anticoagulantes más importantes en la propia sangre están aquellos que eliminan la trombina de la sangre. Los más poderosos son: 1) las fibras de fibrina que se forman durante el proceso de coagulación, y 2) una a-globulina llamada antitrombina III o cofactor antitrombina-heparina. Mientras se forma un coágulo, aproximadamente el 85-90% de la trombina formada a partir de la protrombina es adsorbida por las fibras de fibrina a medida que aparecen. Esto ayuda a evitar la diseminación de la protrombina por el resto de la sangre y, por tanto, la extensión excesiva del coágulo. La trombina que no se adsorbe a las fibras de fibrina se combina enseguida con la antitrombina III, que bloquea aún más el efecto de la trombina sobre el fibrinógeno y después inactiva también a la propia trombina durante los siguientes 12 a 20min.

Heparina. La heparina es otro poderoso anticoagulante, pero su concentración en la sangre es normalmente baja, por lo que sólo en condiciones fisiológicas especiales tiene efectos anticoagulantes significativos. Sin embargo, la heparina se usa ampliamente como sustancia farmacológica en la práctica médica en concentraciones más altas para evitar la coagulación intravascular. El complejo de la heparina y de la antitrombina III elimina muchos otros factores de la coagulación activados además de la trombina, aumentando aún más la eficacia de la anticoagulación. Los otros son los factores XII, XI, X y IX activados.

Lisis de los coágulos sanguíneos: plasmina

Las proteínas del plasma tienen una euglobulina llamada plasminógeno (o profibrinolisina) que, cuando se activa, se convierte en una sustancia llamada plasmina (o fibrinoli- sina). La plasmina es una enzima proteolítica que se parece a la tripsina, la enzima digestiva proteolítica más importante de la secreción pancreática. La plasmina digiere las fibras de fibrina y otras proteínas coagulantes como el fibrinógeno, el factor V, el factor VIII, la protrombina y el factor XII. Por tanto, cuando se forma plasmina puede lisar un coágulo y destruir muchos de los factores de la coagulación, lo que a veces hace que la sangre sea menos coagulable.

Activación del plasminógeno para formar plasmina, después lisis de los coágulos. Cuando se forma un coágulo, se atrapa una gran cantidad de plasminógeno en todo el coágulo junto a otras proteínas del plasma. Este no llegará a ser plasmina ni a lisar el coágulo hasta que se haya activado. Los tejidos dañados y el endotelio vascular liberan muy lentamente un activador poderoso llamado activador del plasminógeno tisular (t-PA) que unos pocos días más tarde, después de que el coágulo haya detenido la hemorragia, convierte finalmente el plasminógeno en plasmina, que elimina sucesivamente el coágulo de sangre innecesario que queda.

Enfermedades que causan hemorragia excesiva en los seres humanos

La hemorragia excesiva puede deberse a una deficiencia de uno de los muchos factores de la coagulación sanguínea. Aquí se exponen tres tipos particulares de tendencias hemorrágicas que se han estudiado con mayor extensión: la hemorragia causada por: 1) la deficiencia de vitamina I<, 2) la hemofilia, y 3) la trombocitopenia (deficiencia de plaquetas).

Disminución de la protrombina, el factor VII, el factor IX y el factor X causadas por deficiencia de vitamina K

Con pocas excepciones, casi todos los factores de la coagulación sanguínea se forman en el hígado. Por tanto, las enfermedades del hígado como la hepatitis, la cirrosis y la atrofia amarilla aguda pueden deprimir a veces el sistema de coagulación tanto que el paciente presente una tendencia grave a la hemorragia. Otra causa de la menor formación de factores de coagulación en el hígado es la deficiencia de la vitamina K. La vitamina I< es un factor esencial para la carboxilasa hepática que añade un grupo carboxilo a residuos de ácido glutámico en cinco importantes factores de la coagulación: la protrombina, el factor VII, el factor IX, el factor X y la proteína C. Al añadir el grupo carboxilo a los residuos de ácido glutámico en los factores de coagulación inmaduros, la vitamina I< se oxida y se inactiva. Otra enzima, el complejo epóxido reduc- tasa vitamina I< 1 (VKOR el) reduce la vitamina I< de nuevo a su forma activa. Sin vitamina I< activa, la insuficiencia consiguiente de estos factores de la coagulación en la sangre puede provocar tendencias hemorrágicas graves. La vitamina I< la sintetizan continuamente en el intestino bacterias, por lo que la deficiencia de vitamina I< casi nunca ocurre en una persona normal como resultado de la falta de vitamina I< en la dieta (excepto en los recién nacidos antes de que se establezca su flora bacteriana intestinal). Pero en las enfermedades digestivas, la deficiencia de vitamina I< ocurre a menudo como resultado de una mala absorción de las grasas en el tubo digestivo. La razón es que la vitamina K es liposoluble y se absorbe normalmente en la sangre junto con las grasas.

Hemofilia

La hemofilia es una enfermedad hemorrágica que ocurre casi exclusivamente en varones. En el 85% de los casos está causada por una anomalía o deficiencia del factor VIII; este tipo de hemofilia se llama hemofilia A o hemofilia clásica. Aproximadamente 1 de cada 10.000 varones en EE. UU. tiene hemofilia clásica. En el 15% de los pacientes con hemofilia, la tendencia hemorrágica está provocada por una deficiencia del factor IX. Ambos factores se heredan mediante el cromosoma femenino. Por tanto, casi nunca encontraremos una mujer que tenga hemofilia porque al final uno de los dos cromosomas X tendrá los genes apropiados. Si uno de sus dos cromosomas X es deficiente, será una portadora de la hemofilia, y transmitirá la enfermedad a la mitad de su descendencia masculina y el estado de portadora a la mitad de su descendencia femenina.

 

Trombocitopenia

Trombocitopenia significa presencia de cantidades muy bajas de plaquetas en el sistema circulatorio. Las personas con trombocitopenia tienen una tendencia a sangrar, como los hemofílicos, pero la hemorragia se produce generalmente por muchas vénulas pequeñas o capilares, en lugar de por vasos grandes como en la hemofilia. Como resultado aparecen hemorragias puntiformes pequeñas por todos los tejidos del cuerpo. La piel de estas personas manifiesta manchas purpúricas muy pequeñas, que dan a la enfermedad el nombre de púrpura trombocitopénica. Como se señaló antes, las plaquetas son especialmente importantes para reparar las brechas diminutas en los capilares y en otros vasos pequeños.

Enfermedades tromboembólicas en el ser humano.

Trombos y émbolos. Un coágulo anormal que aparece en un vaso sanguíneo se llama trombo. Una vez que el coágulo ha aparecido, es probable que el flujo continuo de sangre que pasa por el coágulo lo desprenda y haga que el coágulo fluya con la sangre; este tipo de coágulos que fluyen libremente se conocen como émbolos. Además, los émbolos que se originan en las arterias grandes o en el lado izquierdo del corazón pueden fluir hacia la periferia y taponar arterias o arteriolas en el cerebro, los riñones o cualquier otro lugar.

Causas de las enfermedades tromboembólicas. Las causas de las enfermedades tromboembólicas en el ser humano son generalmente dobles: 1) cualquier superficie endotelial rugosa (como la causada por la arteriosclerosis, una infección o un traumatismo) es probable que inicie el proceso de coagulación, y 2) la sangre coagula a menudo cuando fluye muy lentamente a través de los vasos sanguíneos, donde se forman siempre pequeñas cantidades de trombina y otros procoagulantes.

Trombosis venosa femoral y embolia pulmonar masiva

Debido a que casi siempre se produce la coagulación cuando el flujo sanguíneo se bloquea durante varias horas en cualquier vaso del organismo, la inmovilidad de los pacientes que están en cama más la práctica de colocar las rodillas sobre almohadas causa a menudo una coagulación intravascular debido a la estasis sanguínea en una o más venas de las piernas durante horas. Después el coágulo crece, principalmente en la dirección de la sangre venosa que se mueve lentamente, algunas veces ocupando toda la longitud de las venas de la pierna y llegando en ocasiones incluso por encima de la vena ilíaca común y de la vena cava inferior. Después, aproximadamente 1 de cada 10 veces, gran parte del coágulo se desprende de su unión a la pared vascular y fluye libremente por la sangre venosa por el lado derecho del corazón y las arterias pulmonares hasta causar un bloqueado masivo de las arterias pulmonares, lo que se llama embolia pulmonar masiva.

Coagulación intravascular diseminada

De vez en cuando el mecanismo de la coagulación se activa en zonas amplias de la circulación y provoca la enfermedad llamada coagulación intravascular diseminada. Esto se debe a menudo a la presencia de grandes cantidades de tejido traumatizado o agonizante en el organismo que libera grandes cantidades del factor tisular a la sangre. Con frecuencia los coágulos son pequeños pero numerosos y taponan una gran parte de los vasos sanguíneos periféricos pequeños. Esto ocurre especialmente en pacientes con septicemia generalizada, en los que las bacterias circulantes o las toxinas bacterianas (especialmente las endotoxinas) activan los mecanismos de la coagulación.

Tiempo de hemorragia

Cuando se usa un bisturí afilado para perforar la punta de un dedo o el lóbulo de la oreja, la hemorragia dura normalmente de 1 a 6 min. El tiempo depende en gran medida de la profundidad y del grado de la hiperemia en el dedo o en el lóbulo de la oreja en el momento de la prueba.

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